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Peter y el Jet lag

noviembre 17, 2009
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Ésta vez tuve suerte. Por primera vez en mucho tiempo conseguí un asiento al lado de la salida de emergencia. Estas plazas están muy solicitadas en los vuelos transocéanicos ya que el poco espacio que hay entre asientos no deja estirar las piernas en un vuelo de más de ocho horas. Aún así estaba tan gastado que la espuma dejaba notar la dureza y tanto yo como mi vecino un pianista danés que obtuvo la green card dimos vueltas y vueltas intentando asentar lo mejor posible las posaderas.

Los vuelos largos siempre dan mucho de sí, por ejemplo intimar con el pasajero de al lado. Es el caso de Peter un pianista que trabaja en cruceros y fiestas, un tipo rubio, bajo, con barrigón de la felicidad y con claros indicios de que el alcohol es parte de su vida.

Peter se zampó un Bloody Mary nada más despegar el Airbus 330-340 y una hora más tarde cuando nos dieron la comida dos botellas de vino. Una la que le correspondía a él con la comida, -que rechazó- y la mía que como no bebo en los vuelos se la agenció ipso-facto. Peter no prueba bocado, solo bebe, y aunque es un hombre de mundo no es capaz de entablar una conversación. Acompañando la comida veo la película Ice age 3 y antes de que acabe algo parecido a un mousse de chocolate mi vecino ya me está dando con el codo para charlar. “Soy Peter, y pianista”, me dice empapado en vino.

Estuvo casado con una mujer que ahora tiene un novio italiano, pero se llevan bien. Ahora él se casó con una danesa con la que viaja a España a su apartamento de Benalmadena, le gustan las tapas y por supuesto el vino, ¨”cualquiera, me da igual”, y el sol español.

Tiene cuatro casas, dos en Dinamarca, una en España y otra en Tampa, en Florida, a donde iba ayer a pasar dos semanas sólo y sin su mujer, “porque a mi me gusta estar soltero, ya sabes…”, y no paraba de flirtear con azafatas y con señoras maduras.

En el aeropuerto Dulles International la cola para entrar en el país es como la del paro en España, y tardé una hora hasta que me tocó el “check point” número 22, una agente sin sonrisa, aburrida y con pocas ganas de amigos. Me despachó rápido; aún así me hizo las consabidas preguntas de que a que vengo a USA, cuánto tiempo voy a estar y si mis cámaras tienen factura, lo último es algo inusual.

Luis un compañero de Alberto Avendaño me recogió en el aeropuerto y eso siempre se agradece. Que alguien vaya a recogerte a los aeropuertos con un cartelito que ponga tu nombre es lo mejor del post-flight, aunque no siempre es así claro. Los taxistas de aeropuerto son el enemigo número “UNO” de muchos viajeros que llegan hartos avión y desean irse lo más rápido posible al hotel a ducharse y descansar. En Riga tienen auténticas batallas, y no es para menos. Los precios desorbitantes con que “atracan” los taxistas tanto en Riga como en Madrid, por poner ejemplos que conozco, son delitos dificílmente de olvidar y crean trauma. Sin ir más lejos los taxistas de Madrid-Barajas son lo peor que uno se puede encontrar (evidentemente no todos claro, pero en gran mayoría, y pagan unos por otros) Pongo mi ejemplo: robo de todo mi equipo fotográfico cuando me iba al Sahara en un taxi desde el centro de Madrid a Barajas. Agarré al fulano aquel por la camisa y le pregunté donde estaban mis cámaras, me respondió “soy padre de familia y no se nada”. A comisaría, denuncia y nunca más supe de aquello a pesar de que pagué a un abogado. Desde aquella evito ir al jodido Madrid y mucho menos pasar por Barajas.

Hablando de otras cosas en Washington tengo una cólega fotógrafa, Susana Raab, una de mis inspiradoras a la hora de trabajar con el color y que me fascina con sus proyectos sobre la vida de los americanos. Susana es una enamorada de Galicia y de todo lo que tenga que ver con lo latino. Son frecuentes sus viajes a España y a América del Sur. Otro gran fotógrafo Tewfic el-Sawy dice de ella en su blog: “Susana Raab is a photojournalist based in Washington DC whose work regularly appears on the pages of the New York Times. Her work has received recognition from PDN, the Camera Club of New York, the White House News Association, the Ernst Haas/Golden Light Awards as well as the Sante Fe Center.

Her latest work, a feature on Aveiro (a village in Portugal) appeared on the pages of the New York Times, however having visited her website, I chose her feature on Mongolia. It’s a mix of travel and editorial style photographs…as Susana chose not to add captions to her photographs, I can only guess that some of the latter images must have been made in orphanages and hospitals.”

Ahora son las 03:15 am, estoy en la cama escribiendo, para mí son las 09:45 en Riga y el jet lag puede conmigo, menos mal que existe el wifi, el skype y los blogs, y estoy seguro de que a Peter mi vecino de viaje no le debe de afectar demasiado este tipo de molestias.

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