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Vigo en Galicia

noviembre 14, 2010


Los recuerdos con el tiempo no se desgastan…Mas bien se acrecientan los detalles y las visiones son mas pausadas, que aquella primera vez que uno las rememora e intenta capturar todo en un recuadro, con miles de pixeles flotando alrededor.

Toma 1 escena primera, corte

Ha venido Andres a despedirnos a Iria y a mi y no puedo dejar de llorar desconsoladamente, me abrazo con el y me ayuda con la maleta a ruedas que mas parece un baúl de aquellos, por lo grande que es…Mientras caminamos por el recibidor del edificio, una tenue luz, alumbra el largo pasillo antes de abordar los escalones con destino al viejo portal de calle Canceleiro, esquina Rosalia de Castro.

Es primavera y aunque Galicia es engañosa por la lluvia, hoy cuando estoy a punto de marchar el clima ha tomado un respiro y al verdor se ha agregado una suave brisa de ese viento costero que tiene Vigo a la hora de la siesta, en que casi ni un alma deambula por la ciudad, y si se pueden oír a lo lejos las gaviotas que con vuelos rasantes sobrevuelan la medianía de calle Montero Rios y sus barquitos, veleros y yates aparcados en el pantalan del Club náutico.

Cierro los ojos y miro en mis recuerdos hacia calle Argentina en donde esta en medio del centro de la calle esa fuente con una estatua que hoy no recuerdo su nombre y retrocedo 5 años atrás y veo que a la lado de la Cunca, en la cafetería de la terraza de sillas y quitasoles rojos una joven pareja que somos Santi y yo, hablamos de Vigo y de cuando venga a vivir para casarnos, llevaremos una vida tranquila, me convence con esa carácter amable que tienen los gallegos, que allí hay solo paz, que Vigo es una ciudad en que se trabaja mucho, que hay muchos lugares en donde ir y con esa sonrisa bonita como haciendo lobby por su ciudad, me hace un guiño con el ojo, diciéndome en gallego puro, Galicia é Galicia e non hai nada que se lle pareza…Por lo menos que yo sepa, termina diciéndome.

Toma 2 escena segunda…corte y grabando.

Cojo el capazo de mi hija Iria, que me mira con esos ojos marrones, que ha sacado de su padre y su abuela paterna, gallegos de pura cepa…No paro de llorar, mis amigos me arropan como dándome ánimos, yo estoy perdida en mi tristeza y en esa profunda huella que me ha dejado Santi al partir de este mundo…Nose que hacer con mis pensamientos, no se como será mi vida desde ahora en adelante, dejo atrás esta Galicia que me ha acogido por estos largos 5 años…Dejo atrás un amor que no muere con la muerte aciaga y fatal de mi amado…Hay muchos Por que sin respuestas, una suave brisa seca mis lagrimas saladas como la ria.

Días antes de aquel día en que mi vida cayo al suelo como cuando cae en pleno vuelo un pájaro cazado por el poston letal de un cazador… casi, casi como una premonición me ha pedido que le haga una promesa que dentro de sus desvarios y delirios, me parecen absurdos, llenos de una retorica que no comprendo, pero que atando sus fuertes frases hoy, leo entre lineas un adiós…Y un quédate para siempre aquí.

Toma 3, escena 4 – 5 – 6, grabando.

Antes de marchar hacia el aeropuerto, quisiera tener una cajita para atrapar cada detalle de Vigo y de aquella Galicia cerca del río Miño,en donde se come Lamprea, en donde tantos veranos Santi paso casi amigándose con aquel paisaje bucólico que se tiñe en otoño de ese color amarillo arcilloso y en verano de verde profundo y descolorido por aquellos rayos de sol que mueren todos los días en el confín de la tierra, en donde el paisaje se llama Galicia y el mar azul duerme al lado de cada rincón de este pedazo de tierra.

¿ Como hago para no fallarle ? me digo a mi misma encaminándose hacia el aeropuerto de peinador en Vigo…mientras tomamos la autovía, damos un rodeo cerca del túnel de Beiramar y cogemos la autovía por puxeiros en donde cada ciertos kilómetros podemos ver la ria de Vigo en su esplendor y en frente casi como un poema, Cangas y aquellas casitas que a lo lejos de ese color piedra y tejados anaranjados adornan nuestra despedida…los recuerdos me vienen todos a la vez, recuerdo esa primera visita a Vigo, cuando estando de novios, con un noviazgo a distancia, me enamore de Galicia y ese paisaje verde a punta de mil veces llover con aquella choiva que moja no tan solo la tierra, moja el alma y el corazón, luego la seca cara al sol, con un tibio y templado calor.

Leo la señaletica de la autovía a Porriño, autovía hacia mi despedida…Es como una cabala en señal que volvere… para volver cual mariñeiro como mil veces en la madrugada gallega promete que volverá con el fruto pedido prestado al mar cuando se embarca a navegar.

Ya en mi triste realidad, tomo mi ultimo cafeciño en aquella cafetería de Peinador, y me guardo de recuerdo el azucarillo, compro de recuerdo un botellín de agua de Mondariz, y casi faltando el aire me monto en mi asiento del avión con Destino a Barajas – Madrid…Tengo ganas de gritarle al mundo, tengo ganas de detener el mundo, casi en un acto irracional, mientras otros abordan, quiero salir corriendo de allí y gritar que me quedo, que no quiero marchar, pero una palabra amable de mi vecino de asiento me aterriza en la calma y miro a mi niña que me sonríe y mueve sus manitas sin parar…El hombre viejo aquel me ha dado un poco de consuelo, me ha dicho que Galicia no se ira de donde yo la deje, que estará esperando por siempre…Se anuncia el despegue del vuelo.

En un perfecto gallego, nos dicen por el altavoz …: * benvidos ao voo 589 de Vigo – Madrid, en breves momentos iniciaremos o despege, por favor abrocharvos os cintos, o clima en Vigo despexado sen brumas, hora de saída 17 : 45 horas, hora de arrivo a Barallas aproximadamente 50 minutos, iberia deséxalles unha feliz viaxe. *

Mientras el avion se encamina por la pista, miro hacia Mos, la comarca en donde se ha criado el abuelo de Iria, esta lleno de pinos y de seguro alli al costado izquierdo vecino al aeropuerto, esta la casiña de la bis de Iria… El avion despega como una suave pluma cuando se eleva por una ráfaga de viento y casi como un milagro de Dios, nos comunican que estamos adelantados en algunos minutos que si observamos a nuestra derecha la ria de Vigo se insinúa en aquel solpor que nos despide y a lo lejos las bateas de vieras y el puente de Rande parecen pequeñitos, casi como juguetes, nos recuerdan a Iria y a mi que Vigo permanecera en aquel pedazo de paraíso, llamado Galicia.

LA TOMA SE GRABA

Han pasado casi dos años y 7 meses que nos vinimos de Galicia, pero a mi me parece que fue solo ayer, y estoy segura que cuando mi pequeña Iria pueda pedirme que le cumpla un deseo, seguro sera que la regrese a sua terriña que hoxe esta lonxe.

2 comentarios leave one →
  1. Miro permalink*
    diciembre 6, 2010 12:15 am

    Cando entrevistei a un galego vivindo en Lanzarote retornado de Uruguai quedei moi marcado co seu relato. Este home con bagoas nos ollos relataba como a derradeira imaxe que tinha de Vigo era pola popa do barco, cando pouco a pouco o perfil da cidade desaparecía no horizonte tragado polo océano. Escoitalo fixome máis persoa e galego.

  2. SOUSA-POZA permalink
    noviembre 15, 2010 2:25 am

    Rocio, me hiciste recordar mi salida de Vigo, un dia frio pero brillante de 1955, poco antes de Navidad, en la motonave Covadonga rumbo a Nueva York. Eran esos los tiempos en los que los gallegos que emigraban a las Americas era para no volver y, en efecto, no volvi a ver a mi padre. Se murio cuando yo estaba en el ultimo anyo de ingenieria en Misuri y mi hermano en el ultimo de medicina en Santiago: no llego a ver a sus hijos profesionales.

    Pese a ello, toda la familia decidio ponerle pecho a mi marcha, como si en vez de ir a estudiar a la Universidad de Nueva York me fuese a la de Santiago. Mi hermano me dio un sobre con unas poesias suyas. Mi madre se trago las lagrimas. La despedida de mi padre fue de tramite, como en “soldier, carry on regardless”. El era oficial de la marina -“depurado”. Nada de pupitas y penitas: para marinheiros nos!

    Mucho mas tarde, mi hermano habria de decirme que, al llegar a casa, mi padre rompio a llorar: yo ni me imaginaba que mi padria sabria llorar. Por mi parte, estaba mas contento que unas pascuas. Pase una fascinante Navidad en medio de uno de esos grandes temporales del Atlantico norte, que zarandeaba el Covadonga como si fuera una cascara de nuez.

    I never looked back.

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